Consejo Nacional de Educación
- José Reyes Gastelú
- 26 dic 2014
- 3 Min. de lectura
“Lo invitamos a participar del desayuno de trabajo…” así comenzaba la carta de invitación que me llego a través del correo electrónico, para mí fue una muy grata sorpresa que hizo imposible el opacar la sonrisa de mi rostro durante todo el día.
Esto vas más allá de poder dar propuestas a un grupo de personas que tienen injerencia en la toma de decisiones al momento de programar la educación del País hasta el 2030, al menos para mí tiene más contexto inmerso.
Un profesor de una institución educativa superior hizo una pregunta hace unos años atrás a la clase de la cual yo participaba como alumno: “¿Qué pretendes con tu proyecto de tesis?, ¿Cuál es tu objetivo?” y cada alumno respondía según su inclinación teórica pedagógica se lo permitía, algunos hablaban de educación inicial, otro quería atender a los casos problemáticos, otros de realizar un proyecto educativo con biohuertos etc.

Yo por mi parte pensaba en algo más, algo que tendría que ayudar no solo a mi colegio, sino al país y quizás al mundo, algo que sirviera de base para quizás lograr un cambio fundamental en la vida de la humanidad desde mi humilde lugar proponer un proyecto de cambio educativo, una reestructuración, en los ejes académicos y formativos del alumno, mi pretensión, mi objetivo era realizar un proyecto que cambiara la perspectiva de la educación mundial.
No recuerdo muy bien como lo dije esa vez, fue algo espontaneo, pero la impresión que causo en mis compañeros de clase fue de aceptación y no de sorpresa, ya que sabían siempre de mis ideas que solían romper esquemas, sin embargo, el profesor me dijo, “Excelente, pero ahora aterrízalo, a algo que en verdad puedas hacer, porque no podrás cambiar el mundo”. Esas palabras se quedaron grabadas en mi mente, por supuesto argumente mi posición de que, si se podía, a lo cual el me miro con una mirada de, bueno... ustedes comprenderán, Así que ese día decidí que lo iba a hacer, iba proponer una nueva forma de educar, no a mi colegio, no a mi distrito, no a mi País, no a mi continente de habla hispana, sino al mundo entero.
La Educación Básica tendría que ser la cuna de los valores y actitudes que necesitaría el futuro ciudadano de la aldea global. El colegio no es el único lugar en donde está la información que uno debe aprender para la vida, y en el hogar, en la casa ya no hay tiempo en donde los futuros ciudadanos logren adquirir de los padres, los hábitos y valores que la futura sociedad necesita. Según esta realidad que no va a girar y redirigirse a una familia que comparte más tiempo junto, sino al contrario en un futuro social encaminado al consumismo, la educación deberá tomar la posta de la formación de hábitos de convivencia y valores para la sociedad que la familia ya no puede dar por el cambio de roles dentro de ella misma.
Lo académico tiene que ser un pretexto para formar las habilidades necesarias de convivencia y socialización para poder adquirir el conocimiento después, lo que se debe evaluar en las edades tempranas es el comportamiento más no la capacidad de memoria en temas que luego pueden verse.
En estos años es importante las evaluaciones internacionales como PISA, PIRLS, ICCS entre otras, la acreditación de calidad etc., mirar a otras formas educativas como Finlandia, Brasil, etc. Pero en 16 años más, en el 2030, estoy seguro, por el bien del mundo, en que la visión cambiará.
Que ganamos formando buenos profesionales desde el colegio (entiéndase por personas que ejercen una profesión) cuando lo que se necesita son ciudadanos que sepan convivir, caminar juntos tolerar las diferencias y valorar la vida y el medio ambiente.
Y es aquí donde radica mi participación y propuesta en el desayuno de trabajo como participante en el Consejo Nacional de Educación, dando mi punto de vista de que es lo que necesitamos hoy para generar el cambio mañana, a estas alturas de mi vida, estoy muy agradecido por participar con voz y opinión de cierta manera en la toma de decisiones en el mejoramiento o cambio estratégico de la educación de mi país. Le diría a mi profesor, “Si se puede cambiar el mundo desde la educación, yo ya lo estoy haciendo”.




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