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Decisiones en la gestión institucional.

Actualizado: 9 feb 2020

Existen muchas maneras de dirigir de manera efectiva un equipo de trabajo, una organización o una institución, pero no significa siempre que sea una forma eficiente y empática.

La dirección de un colegio es mucho más complicada que dirigir una empresa o un proyecto. En la dirección de un colegio hay muchos factores que no hay en una empresa o institución que no se dedica a la educación.

Uno de estos factores es el vínculo, el vínculo que se crea entre profesor y alumno, el cuál uno como directivo siempre debe cuidar y velar porque este sea bueno y fomente un buen clima en la enseñanza, en la educación del alumno, y también del profesor.

También esta la delegación de responsabilidades y la confianza en aquellos que tienen responsabilidades sobre otros, es por eso que no puede ser elegido como coordinador o coordinadora cualquier profesor, si no aquel que demuestre que es de confianza.

El equipo de trabajo de la administración tiene igual importancia que los docentes, son distintos en sus quehaceres, pero ambos en común unión, tienen que generar la sinergia que se verá reflejada en el correcto funcionamiento de la escuela o institución.

Pero en mi experiencia de docente como en puesto de coordinación, lo más importante es la calidad de decisiones que se toman en el día a día. Todo gestor tiene que saber que sus decisiones tienen impacto no solo en la persona sobre la cual se hace, si no, con los cuales haya un vínculo, y en una escuela, lo que hace realmente que lo sea, son los vínculos afectivos de formador-alumno, formador-formador y alumno-alumno. Entendamos por formador aquella persona que tiene injerencia sobre el alumnado, no sólo los profesores, si no el personal administrativo, de mantenimiento y directivo.

Una buena decisión tiene que ser hecha bajo circunstancias y acciones que respalden dicha elección, es decir, tiene que ser objetiva lo cual significa que no sólo depende de un punto de vista personal, si no de un estudio profundo desde otros puntos de vista, esto requiere de un tiempo de procesamiento el cuál tiene que estar libre de prejuicios y de emociones para no cometer un error al elegir una posición que sólo satisfaga la comodidad del directivo.

Aquí reside la capacidad de todo buen líder, el de tomar buenas decisiones importantes en tiempos cortos y apremiantes. Es un error grandísimo el de tomar una decisión por una sola opinión, lejos de vislumbrar otras formas de comprender la misma situación. Además no podemos decidir sobre gustos personales cuando estamos dirigiendo una institución educativa que depende más de las personas que la integran que de nuestras opiniones.

Todo líder, todo buen líder tiene que ser objetivo, tiene que dejarse llevar por lo demostrable y no por lo supuesto, por los hechos y no por lo que se dice, aquí nace la diferencia entre un jefe y un líder.

Hay algo que todo líder tiene que saber, y es que en algún momento tendrá que renunciar a sus ideales por un bien mayor y justificado, es decir que, no todo saldrá como él lo ha previsto, si no que habrá que renunciar a pareceres, opiniones, planificación e ideales personales, para el bien de la institución, un ejemplo podría ser, un docente que tenga una forma de pensar distinta a la del directivo, pero que sin embargo realiza un trabajo excepcional, por más que no cumpla las expectativas personales del Líder institucional si realiza un trabajo y logra los objetivos planteados pues deberá dejar que siga haciendo bien su trabajo. También por más que haya una afinidad con algún docente o administrativo si es que este no cumple con el trabajo deseado e incumple las normas, deberá deshacer todo vinculo laboral por el bien de la institución a pesar de la amistad o vínculo afectivo emocional que se tenga con este personal.

Jesús puso por encima la Iglesia que estaba formando que por la negación de Pedro, la incredulidad de Tomás, la inexperiencia de Juan, la furia de Santiago, el interés de Mateo, y la ya sabida entrega de Judas, quienes la integraban, conservó a sus doce apóstoles hasta el final, tomó en cuenta sus aciertos, sus habilidades, sus talentos por sobre encima de su interés y emociones, ya que sabía que cada uno era importante en lo que hacía. La evaluación de los pro y los contra tiene que ser objetiva y sólida no fundada en pareceres e intereses personales, llevando así a una decisión correcta e inobjetable.


 
 
 

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